Eso no se olvida nunca

Lleva veinte minutos sujetando el manillar. La mano derecha le tiembla. El polvo le cosquillea la nariz; lo ve flotar a través de los rayos de sol que atraviesan la ventana del trastero. A la rueda de atrás le falta algo de aire. No recuerda nada. Eso no se olvida nunca. Mentira. Le tiembla el pulso. Cada día le tiembla un poco más. Ya no se atreve a servir el agua en la mesa. Ayer tiró el café. Hubo gritos. Habría estrellado la cafetera contra su cabeza. No sabe qué le detuvo. ¿Y si lo hace la próxima vez? No importa, lo pondré a lavar, dijo ella. Pero sí que importa: ya no se acuerda de montar en bicicleta. Lleva veinte minutos mirando el cambio de marchas, los piñones desengrasados. Ni siquiera ha intentado sentarse en el sillín. Las piernas le flojean. A veces piensa en matarse pero luego no se acuerda de hacerlo. Ya no se acuerda de nada. Tampoco de montar en bicicleta. Un cosquilleo le recorre los dedos de la mano. Sujeta el manillar con fuerza. A veces los ve cuchichear a sus espaldas. Se creen que no los ve. Piensan que es un inútil. Disimulan pero él lo sabe. Toca el timbre. Una. Dos. Tres. Cuatro. Cinco veces. Lo hace con tanta fuerza que no logra sujetar la bicicleta y esta cae al suelo tumbando cubos de pintura seca, botellas de cristal vacío y alguna baldosa de una reforma lejana. Una nube de polvo los envuelve y todo es ruido, caos, rabia. Y después el silencio. La rueda de la bicicleta sigue girando, algo torcida, en el suelo. Respira como un viejo acordeón sin fuelle mientras mira a su alrededor.

Todo se desmorona.

Por suerte, mañana ya no se acordará.

Publicado en el Esquince de octubre.

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2 comentarios

  1. Ricardo dice:

    Hola, no había escrito todavía en tu blog.

    Este cuento me gustó mucho, aunque ya comenté creo que en el foro de Esquince que el final me resulta tópico, en el sentido de que el cuento se basa en la estructura de progresar in crecendo, ganando en intensidad y acumulando fantásticas imágenes e ideas, para luego, caer súbitamente con un «se acabó» que más cierra bruscamente que no aporta nada a lo que parecía estar gestándose.

    Pero me encanta el párrafo principal.

    Por cierto, ¿has utilizado WordPress para hacer este blog? ¡Me encanta el diseño y la tipografía! ¿Es tuyo?

  2. Hola!!

    Gracias por el comentario!!
    La verdad es que buscaba poder transmitir el vacío al que se ve abocado el protagonista pero tienes razón en que quizás le faltó el broche al final. Me lo apunto, pq es un tema que me interesa, la memoria, la desesperación, la identidad, el miedo.

    Y respecto al blog, sí que es de wordpress ;). La tipo creo que tb podrías aplicarla en esquince, pq se hace mediante una aplicación de google (basándose en las tipografías que tiene digitalizadas y que son muchísimas). Bueno, esa o la que quieras!! Si te interesa te lo busco y te envio un mail.

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