La escuela

La tiza, entonces nadie era alérgico a la tiza. Tampoco había alérgicos al polen, al huevo, a los mocos bajo el pupitre. No había tiempo o milongas. El esqueleto rayado de un bolígrafo bic. El patio en que se pelaban las rodillas. ¡Los de octavo eran tan altos! Luego nos encogimos, ya se sabe: la lluvia, los años. Aprender a conjugar: tu me estás, el me está, ellos nos están. Aprender a que si chutas demasiado lejos la pierdes, te pierdes; que si no le das con fuerza no alcanza. Es difícil meter un gol. Aprender a levantar las faldas a las niñas, a sacar la lengua, a llorar de rabia con los puños prietos. Aprender que los reyes son los padres, que los dieciocho están muy lejos, que vas a ser grande aunque ahora seas chico. Bombero, enfermera, piloto de aeronave, espía, domadora de caballos, millonario. ¿Dónde se estudia para millonario? Al que siempre le sangraba la nariz; la gorda; el que tiraba piedras a los pájaros; la que nunca quiso ser tu novia. ¿Dónde están? Allá se quedaron, en la escuela. ¿Recuerdas? ¡Qué tiempos! Entonces nadie era alérgico a la tiza.

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