la capital del mango y del olvido

Esto son solo huellas… las de mi próximo proyecto. He necesitado dos años, una crisis, un viaje y cientos de picadas de mosquito para querer retomarlo. Ahí van las primeras letras:

    «San Carlos es la capital del mango, del mosquito, del olvido. Recuerda vagamente a una urbanización olvidada, con sus aceras comidas por el monte, sus casas improvisadas y sus semáforos siempre en ámbar. Llegamos cuando ya ha oscurecido y las luces amarillas se reflejan sobre los charcos grasientos de la carretera mal asfaltada. Un chico toca el cuatro sentado en el escalón de una verja oxidada. Mi padre se detiene un momento. No sé cuáles son sus nostalgias. Yo también me detengo un instante y le veo a él, cuando todo era más fácil, tocando el cuatro con su uña partida. Hace años que olvidó las canciones. Berta nos llama. Ha preparado arroz, caraotas y carne mechada. Cerramos la puerta a la noche y sus canciones. […]»
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