Gris lluvia

A veces una no puede soportarlo y se echa a llover. Con rayos y truenos y esa sensación de tristeza suspendida en el silencio de los árboles. Porque siempre callan. Permanecen erguidos, con las ramas alicaídas. No se atreven a mirarla a una. Y llueve. Llueven. Llovemos. Huele a lana mojada, a pies húmedos en zapatos malos. Se puede llover durante días; una empieza y no sabe cuando parar. En estos casos siempre hay alguien cerca, un testigo mudo de ojos secos, un desconocido incómodo.

Parece mentira, tan chiquita y tantas lágrimas.

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[La fotografía es de Michale Kenna. El texto de una clase brumosa escuchando hablar de modernidad y posmodernidad. Adoro la lluvia. También me fascina Kenna y sus paisajes minimalistas. ¿Alguien quiere echarse a llover? ]

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