Círculos viciosos

El tren de las 20.15 huele a sudor, a comidas mal digeridas y pies cansados en calcetines viejos. Brazos cruzados, ojos cerrados, bolsas de plástico. Es martes, el miércoles es un desierto y tras sus dunas, el jueves, eterno el viernes, ya casi llegamos. Y luego el sábado, un suspiro y esa clienta que no se decide, ¿los rojos, o quizás mejor los verdes? Sal cansada -descuadró la caja- ponte rímel y tacones, aunque tengas los ojos hinchados, aunque te duelan los tobillos, ponte rímel y tacones, es tu única noche. Y el séptimo día descansó pero a ti te toca limpiar, cocina y lavadoras. El patio de luces huele a calamares. No hay nada en la televisión, paella o pollo al ast y de nuevo lunes, los cinco minutos en el andén, las mismas caras un poco más cansadas, los pies hinchados. Los ojos cerrados y la frente contra el cristal: es el tren de las 20.15.

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