Encuadernaciones

libros de artista

El lugar: las mesas en ú del torreón de un museo con vistas a un torrente. El momento: un sábado luminoso, frío, de febrero. El porqué: una clase de libros de artista.

Tenía los ojos redondos como bolas de billar, profundamente azules, enmarcados por dos gruesas medias lunas ligeramente aguamarinas. Yo creo que esas ojeras de princesa de cuento las había cavado la ensoñación y la locura. Porque estoy segura de que Elisa descubría el mundo en cada mirada. Que nombre más bello para una poetisa de fieltro y de tul. Altísima, quebradiza, pálida, con la belleza de los tísicos y los artistas. En Italia debieron quedarse sus zapatos de cristal, su príncipe encantado, sus torres de coral. Las ha cambiado por Gracia y un taller donde crea y sueña.

La escucho, tras mis retales y mis cuentas. Embelesada, observo como muestra con sus manos aladas las pequeñas obras de fieltro y fantasía. Lo hacía con tanto amor, tanto cuidado, que diríase que son de cristal.

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